Mis arrugas...

Desde que cumplí la treintena comenzó una preocupación feroz por la aparición de arrugas, canas y otros signos que denotaran el paso del tiempo en mí. La verdad no represento la edad que tengo y me veo bastante bien para los años con que cuento, pero la presión por no verme vieja desde hace un tiempo comenzó a atormentarme, saltando así a la compra compulsiva de cremas y mengunjes de los que nunca me había preocupado.
Gasté más dinero del razonable en dicha rutina, sin que a mi juicio, viera resultados aparentes y permanentes. Mi obsesión mayor se concentraba en dos arrugas en el ceño que me martirizaban la existencia y hasta pensé en pedir como regalo, para este cumpleaños que se acerca, botox. Sin embargo, hoy me aburrí y me dí cuenta que mis arrugitas me gustan, me parecen interesantes; porque denotan experiencia y borrarlas sería tan absurdo como eliminar de mi vida, probablemente, todas las vivencias que ayudaron a su aparición.
Quizás todo se deba a que hoy inicié la primera sesión de mi terapia de pareja con mi esposo, a fin de mejorar y recuperar nuestro matrimonio; y me dí cuenta, que pese a todo lo mal que lo pasé en mi temporal ruptura, las enseñanza que quedaron de aquel desastre fueron positivas y constructivas para mi pastel y yo. Claramente no soy una masoquista y me habría gustado contar que tras nuestro largo noviazgo, nos casamos y fuimos felices sin más, pero las cosas no se dieron de ese modo y nuestra relación se desgastó, se resquebrajeo y casi casi murió.
No obstante, nuestro quiebre me hizo más fuerte, me ayudó a sacar fuera lo peor de mí, a finiquitar el duelo, volver a la esencia y renacer. Aún no salgo, pues estoy en ese cometido; pero me gusta, y parte por reconocer -a quien quiera saberlo- que hoy estoy cómoda...
Cómoda con mi vida, mi relación, mi trabajo, mi existencia y -por cierto- mis arrugas, ya que ellas reflejan un período pasado que no fue bueno, pero tampoco apocalíptico y que hoy debo aprender a no ser tan absoluta ni inflexible, sino rescatar lo mejor de mí y mis circunstancias; donde sin lugar a dudas, estas líneas de vida que se me quedaron en la cara tienen un lugar especial.
"Este es el mundo de los dos, sin sentido, pero tuyo y mío..." (Amaral)
pastelera 2